La casa XII

La Casa XII es la casa más misteriosa del horóscopo y la menos personal

Si avanzas por las Casas en su dirección natural, la Duodécima es la más lejana al ascendente. El mensaje y el significado de la Primera Casa («Yo soy yo») dista mucho del de ésta, que es el último domicilio astrológico: «Yo soy el universo». Pensar que cada uno de nosotros es el universo está muy lejos de nuestras preocupaciones cotidianas sobre la familia, los amigos, el dinero, la pareja, los hijos, la carrera y cosas por el estilo.
Sin embargo, si seguimos viajando en la misma dirección y damos un paso más, la Duodécima Casa nos llevará de regreso a la Primera Casa. Ésta es la forma que tiene el horóscopo de decimos: «Sí, por muy difícil que sea de entender, cada uno de nosotros es un universo en sí mismo». Éste es el principio fundamental de la astrología en funcionamiento: «Como es arriba, es abajo». La astrología puede ayudar a cada uno de nosotros a encontrar su lugar en la vida, porque esta antigua ciencia revela que tú y yo somos reflejos del Todo. A medida que nuestra percepción se amplía y nos vamos individualizando y evolucionando, descubrimos que el sentido de nosotros mismos como unidades separadas (el ascendente) va dando lugar, gradualmente, a una conciencia mucho mayor del Cosmos en el que vivimos, respiramos y tenemos a nuestro ser.
La Duodécima Casa es el guardián de esta verdad. Es la más oculta, la más esotérica y la más espiritual de todas las Casas. Si creemos en la reencarnación, se podría decir que la Duodécima es la «Casa del karma», ya que revela lo que está almacenado de anteriores «giros de la rueda». Es, por lo tanto, la Casa de nuestros tesoros secretos y nuestros puntos fuertes, de nuestros recursos ocultos e incluso de nuestros ángeles guardianes. La última Casa de la carta natal contiene todo el poder y la fuerza de todo lo bueno que hemos hecho, y esto, después de todo, es nuestro karma y nuestra reserva interior de «suerte».
Pero aquí hay, además, otro aspecto de nosotros mismos, de nuestro karma y de la naturaleza de la Duodécima Casa. Éste es también el lugar de la anulación de nosotros mismos, esa parte de nuestra naturaleza que es autodestructiva y dañina Encerradas con nuestros recursos ocultos, se encuentran nuestras debilidades ocultas (aunque no del todo). Justo al lado de nuestros espíritus protectores, viven nuestros peores enemigos. Junto a esa faceta de nuestro karma personal que nos trae buena suerte y una protección absoluta se encuentra ese aspecto de nosotros mismos que puede ser el más dañino de todos.
La Duodécima es la Casa de los monasterios y los conventos, pero es también la Casa de los psiquiátricos y los calabozos. En esta Casa podemos encontrar hospitales, residencias para ancianos y esperanza, pero también es el lugar de la carta en el que se ubican las cárceles, los centros de esclavos y la desesperación. Las grandes plantas y hierbas sanadoras, y los medicamentos milagrosos se encuentran en la Duodécima Casa, pero en el siguiente cajón están la heroína, el tabaco, la cocaína y otras drogas adictivas y destructoras de la vida.
La asombrosa dualidad de la Duodécima Casa confunde enormemente a los estudiantes de astrología. ¿Cómo es posible que nuestras mayores debilidades se conviertan en nuestra mayor fortaleza? ¿Cómo pueden nuestras adicciones conducirnos al renacimiento y la renovación? ¿Cómo puede encontrarse el camino de nuestra realidad espiritual en la misma Casa que el camino hacia nuestra autodestrucción? La Duodécima Casa, como la naturaleza de la vida misma, está llena de preguntas desconcertantes. Pero también contiene las respuestas.
No importa lo que creamos sobre nuestras vidas pasadas, la Duodécima Casa nos muestra lo que necesitamos superar en ésta. Además, nos dice mucho sobre el poder que poseemos en lo más profundo de nuestro interior para ayudamos a realizar las tareas de la vida. Cuando dejamos esta Casa, regresamos al ascendente y a la Primera Casa. Si hemos conseguido limpiar los elementos no deseados de la Duodécima y exteriorizado la luz que tenemos dentro, cuando lleguemos al ascendente podremos decir «Estoy sanado/a y estoy entero/a. Yo soy yo y el universo».