Diamante

Los diamantes son un compuesto mineral cristalizado de carbono puro. Se formaron hace millones de años en el interior del manto terrestre, donde soportaron temperaturas y presiones elevadísimas. Es sin duda el material más duro que nos ha legado la naturaleza. Es la más mítica y cotizada de todas las gemas, pero también tiene usos importantísimos en la industria.
Su nombre procede del griego «adamas» de «damazo» que significa, someter, dominar, forzar o vencer, Así quiere decir, insometible, indominable o invencible.
En ocasiones se ha confundido la dureza con la no fragilidad. Los diamantes son durísimos, es decir, resisten ser rayados, pero son cristales y como tales, frágiles. Probablemente fue Plinio en su historia natural quien indujo al error al decir que: Para reconocer a los diamantes, se golpean en un yunque y son tan duros que rechazan el hierro y el martillo da saltos y a veces el yunque queda partido.
A causa de esta desdichada información falsa, se han destrozado cientos de magníficos ejemplares a lo largo de la historia. Si un diamante se somete a semejante barbaridad, queda pulverizado o hecho añicos, porque es un cristal y por lo tanto es frágil. Quizás por ello han desaparecido numerosos diamantes en los saqueos después de las batallas.
Las primeras referencias históricas que han llegado de esta piedra preciosa, proceden de la India, país en el que han sido hallados espléndidos diamantes. En la actualidad la mayoría de los buenos ejemplares proceden de los países del tercio sur de África.
No toda la producción diamantífera extraída de las minas reúne los requisitos necesarios de belleza para ser usados en joyería. Tan solo el 20% del total alcanzan la categoría de gemas, el resto son sólo útiles para uso industrial.
La mayor parte de los diamantes de calidad preciosa son amarillentos o bien incoloros pero que amarillean de modo casi imperceptible, esto les resta valor económico. Los más apreciados y valiosos son los que presentan un perfecto incoloro y, más aún, si lanzan tenues destellos azulados.
Los más cotizados son los escasísimos ejemplares de colores de fantasía: azules, verdes, rosas, pardos o negros metalizados. Sin embargo muchos diamantes de color de los que se hallan en el mercado pueden tener un origen artificial. Algunas piezas poco atractivas son sometidas al bombardeo de partículas subatómicas en ciertos países con el fin de alterar la red cristalina del ejemplar y provocar distintas y bellas coloraciones que aumentan su precio de venta.
Aunque el diamante se ha conseguido sintetizar de modo muy perfecto, el elevadísimo coste que acarrea el proceso para su obtención en calidad gema, hace que no sea lo suficientemente rentable frente a los naturales, por lo que aún no se les ha dado uso comercial.
Las propiedades naturales de los diamantes son tan peculiares que resultan interesantes para ser usados en minería y en joyería, bien para separarlos de otros minerales o para distinguirlos de posibles sustitutos o materiales que por su parecido externo pudieran confundirse con diamantes verdaderos.
La medición de algunas de estas propiedades resultan problemáticas si no se dispone del instrumental adecuado. Sin embargo otras son tan simples de observar que vale la pena exponerlas brevemente.
El diamante es una de las pocas gemas que tienen afinidad con la grasa. Se ensucian más fácilmente que otras gemas si se las manosea o se los pone en contacto con substancias grasicntas, como la tinta de un bolígrafo, por ejemplo.
El diamante repele de forma clara el agua, posee la propiedad de la «no mojabilidad»: si depositamos una gota de agua muy pequeña y con cuidado sobre la superficie de un diamante, la gota quedará redondeada y compacta si no se la somete a movimiento alguno. Esta misma prueba realizada sobre cualquier otra gema preciosa, presentará un comportamiento diferente y la gota se desparramará por la superficie y no quedará en forma redondeada de bolita.
Antiguamente los diamantes eran usados en bruto. Antiguos textos aseguraban que la modificación por la mano del hombre de su aspecto original restaría poderes a la piedra. Es posible que tal razonamiento sólo intentara justificar la enorme dificultad de su talla. La gran dureza y sus peculiaridades han complicado muchísimo, hasta tiempos relativamente recientes, su tallado. En cualquier caso tanto en la India como en Europa y durante siglos, reyes y nobles han lucido en sus joyas y coronas diamantes en bruto o con un mínimo de manipulación. Por ello desde el punto de vista tradicional pueden utilizarse cristales octaédricos de diamante como los que usaba lady Godiva o como Ricardo III, pues tienen las mismas propiedades que los diamantes tallados y la ventaja de ser muy económicos.
El diamante es quizás la gema más mítica, llena de leyendas y envuelta en una bruma de superstición extremadamente rica y variada. Era considerada la piedra más poderosa y más influyente en la vida humana, se suponía que otorgaba fuerza y poder y que hacía invencible, insometible a quien la llevara. Por ello representaba la piedra del poder terrenal. También se incrustaban diamantes en las empuñaduras de las espadas más nobles, tanto cristianas como sarracenas. En ese sentido ambas culturas estaban de acuerdo.
En la antigüedad, el pensamiento dominante era de tipo analógico, por lo que se suponía que las propiedades naturales de la gema se trasladaban a su poseedor. También se creía en hechicerías y en los embrujamientos. En esos casos el diamante era la salvaguardia ante cualquier embrujo o hechizamiento, pues otorgaba la indomabilidad de la voluntad.
En el campo de la astrología viene citada en el lapidario alfonsino, en el capítulo del signo de Tauro como la primera piedra de este signo.
Tiene color «annoxatir» claro y semeja al hierro bruñido, y hay que tiran de color amoratado y otras amarillento, pero las mejores son semejantes al vidrio transparente. Su propiedad es tal que el que la llevara consigo se enoja fácilmente y se inclina a reñir y a realizar actividades que conlleven atrevimiento y esfuerzo.
Quizás por esta interpretación se le supuso influencias marciales y se adjudicó erróneamente a Marte y a Aries, sin embargo el mismo lapidario aclara que se relaciona con las dos estrellas.
La estrella ardiente que está en el muslo derecho del brazo de Perseo, el que lleva la cabeza de Algol, y la otra que está en la misma cabeza de esta misma figura.
Sin duda se referían a beta Persei, Algol, que es una binaria eclipsada compuesta por una estrella del tipo B8 de color blanco azulado, acompañada de otra de tamaño semejante, situada a su lado.
Siglos después Gaspar de Morales dice que esta piedra está sujeta al signo de Tauro en la estrella Caput Algol, que es de naturaleza Júpiter. Es seguro que los antiguos ya conocieran el eclipsamiento de esta estrella por su compañera, este oscurecimiento se asociaba a influencias de Lilith, con cuyo nombre también se la designaba. La sensación de que esta estrella era decapitada regularmente, favorece toda la mitología de la estrella y sus posteriores interpretaciones en astrología. Ptolomeo también le otorgaba una doble naturaleza: Júpiter y Saturno, igual analogía que desarrollaremos para el diamante.
Por su composición en carbono puro y su dureza, el diamante es análogo a Saturno, mientras que por su transparencia y sus destellos azulados se asocia a Júpiter. Las variedades de otros colores provocarán las variantes pertinentes dentro de su analogía particular.

Propiedades astrológicas del diamante

El diamante es una de las gemas con mayor contenido energético y sus efectos suelen ser bastante notorios. Por un lado el uso cotidiano de diamantes, mejora las facultades creativas abstractas y concretas, asocia las dos maneras de percibir la realidad y permite llevar a efecto cualquier proyecto, sobre todo si trata de cuestiones socioeconómicas. El diamante opera sobre la economía y el bienestar. Por otro lado acrecienta el sentido práctico, incrementando el realismo conservador, refuerza el sentido de seguridad y de justicia, remodela el carácter de quien lo usa aportándole firmeza de carácter y poder personal. En lo social sincroniza con algún privilegio y favorece el trato con personas de cierto rango o poder social que sin duda ayudarán a la consecución de ascensos sociales o a lograr puestos de responsabilidad.
En otro sentido, el diamante facilita los largos desplazamientos y el trato con extranjeros, también favorece las relaciones con el mundo judicial o político. En un sentido amplio, acrecienta los beneficios económicos y proporciona satisfacciones materiales. Esta gema, aún siendo en general beneficiosa, debido a su potencial, puede acarrear distorsiones nefastas para aquellas personas nacidas a mediados de febrero, de mayo y de agosto.

Volver a Gemas y astrología