El Carro

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El Carro (Carta VII) nos muestra a un hombre en un carro tirado por dos caballos. Vemos de inmediato que el cochero lleva una corona en la cabeza y un cetro en su mano derecha; evidentemente, el coche representa el progreso triunfal. En algunos mazos dos leones tiran de este vehículo, en otros una yunta de bueyes, y por lo menos en una baraja un león blanco y otro negro, ambos con cabeza de esfinge. Waite afirma que el cochero es “el Rey en su triunfo, tipificando, no obstante, la victoria que crea la realeza, con sus consecuencias naturales”. Desde un punto de vista materialista esta interpretación es válida, pero existe seguramente un significado mucho más profundo. Waite piensa que el cochero representa “la conquista en todos los planos en la mente, en la ciencia, en el progreso, en ciertos experimentos intuitivos”; pero las pruebas de iniciación a través de las cuales ha pasado triunfalmente se encuentran en un nivel inferior, y por eso “si llegara a los pilares del Templo entre los que está sentada la Sacerdotisa, no podría desenrollar el pergamino de la Torá. ni podría contestar si ella lo interrogara. No es miembro hereditario de la realeza ni sacerdote”. Pero, aunque esta carta puede sugerir la idea del Mago que ha vencido en un plano inferior, que ha aprendido a dominar y dirigir las fuerzas elementales para sus propios fines, puede tener una segunda significación más elevada, como la que da “Papus”, pues éste afirma que esta séptima carta del Tarot representa al “Hombre desempeñando la función de Dios, el Creador”.
Cuatro columnas sostienen el palio de la carroza. Se afirma que estas columnas aluden a los cuatro elementos: fuego, aire, agua y tierra; también a los cuatro seres de la Carta XXI. Cada pilar está dividido en dos partes iguales, recordándonos, como lo señala Foster Case, la máxima Hermética: “Aquello que está arriba es igual a aquello que está abajo”.
Sobre cada hombro del cochero hay una cara que mira en dirección opuesta, hacia afuera; los caballos tienen sus cabezas vueltas hacia adentro. Se supone, de acuerdo con “Papus”, que las caras son el Urim y el Thummin, del soberano que realiza el sacrificio. Una vez, más nos encontramos con los impulsos carnales y espirituales, representados en esta carta, que aparentemente son bien manejados por el cochero (ya que los animales avanzan dócilmente). Es posible que los dos caballos pudieran simbolizar también los dos componentes más sutiles del hombre, a los que el cochero tiene bajo control, aunque este concepto parece más bien rebuscado. De cualquier modo, el cochero puede relacionarse con el joven de la carta anterior, quien ahora está avanzando; si lo hace en forma beneficiosa para él o no, dependerá de la medida en que pueda evitar que sus más bajos instintos lo dominen. Sin embargo, como la figura de esta baraja no está guiando los caballos, que avanzan sin necesidades de riendas, parecería que ha dominado completamente sus instintos, lo que constituye el sentido más elevado de este arcano. Kl número siete es, por supuesto, un número sagrado, y desempeña un importante papel en el misticismo. De acuerdo con las antiguas enseñanzas, el Hombre se compone de siete cualidades que están bajo la influencia de los siete planetas. Podemos interpretarlo en el sentido de que el Mago ha llegado al final de la primera etapa de su desarrollo.