El Emperador

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El Emperador (Carta IV) nos muestra una figura coronada sosteniendo en su mano derecha un cetro que tiene la forma del ankh egipcio, o signo de vida. Mientras que la Emperatriz, se relaciona, en cierto sentido, con el gobierno del hogar y la vida doméstica, el Emperador simboliza la dominación del mundo exterior: majestad, autoridad, conducción, control de masas: en síntesis, poder temporal. El Emperador es el Regente de este Mundo.
Otra vez nos encontramos aquí con el principio masculino activo, en oposición al más pasivo principio femenino. Lo que ha nacido en el mundo debe expandirse, desarrollarse, ser dirigido. Hay muchos reinos por conquistar. Las cabezas de los carneros (siendo el carnero el emblema de Marte) indican el carácter marcial del Emperador, como también lo muestra la firme posición de las manos y los pies de la figura. Es un hombre anciano, con una larga barba, lo que denota gran resistencia y consumación, siendo esto último uno de los significados del naipe. Puede observarse que el cetro es el mismo símbolo de reproducción que se advierte sobre el escudo de la Emperatriz, pero se halla equilibrado por la esfera con la cruz; la cruz, por encima de la esfera, significa que el poder espiritual se encuentra por encima del temporal, que la voluntad, en su actividad progresiva, debe ser controlada por el espíritu. Además, la esfera puede ser interpretada, desde otro ángulo, para representar la dominación del Adepto sobre la Materia, simbolizada en un sentido general por el Globo Hermético, que apunta al control de los elementos inferiores. Vemos representados en los primeros cuatro naipes de los Arcanos Mayores, tomados en el orden que aparecen: la Mente, el Espíritu (o sea la reflexión de la Naturaleza Divina), el Alma (el vehículo de los sentimientos y emociones), y la Voluntad. Los significados de las cartas, como un todo, se desarrollan en una secuencia lógica, desde el Mago hasta el Loco. La Carta I es el núcleo; debe ser el punto inicial de todas las otras, ya que en primer lugar el entendimiento es esencial para cualquier desarrollo. “En el comienzo era la palabra” implica comprensión.