El Sol

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El Sol (Arcano XIX) brilla ahora en todo su esplendor. Después del dominio de la Luna, el alma emerge a la luz de un día más brillante. El hombre debe comprender cuan grande es la oscuridad que lo encierra, sentir cuan cerca está de la ceguera antes de poder mirar el mundo con nuevos ojos. La oscuridad es siempre más densa justamente antes del alba.
En la carta del Instituto de la Percepción, se ve a un niño desnudo cabalgando sobre un caballo blanco bajo la luz resplandeciente del sol; elevado en lo alto, en la mano izquierda del niño, se despliega una bandera. El caballo simboliza el alma purificada, lo que está destacado por el niño desnudo, despojado de toda pretensión externa, mientras que la bandera anuncia la libertad frente a las ataduras materiales.
Aunque la pared indica que el alma aún está en el mundo visible, ya no está guiada por una luz reflejada como en la carta precedente, sino por los rayos de la Lámpara de Oro del Cielo, el Dador y Sostenedor de la vida sobre el planeta, la manifestación exterior del origen divino de su ser.
Al otro lado de la pared se ven los girasoles. Así como esa flor gira siempre buscando al sol, el alma del hombre debe mirar siempre hacia el Dador de la Luz Celestial, Cuando el Ermitaño haya logrado la sabiduría de un niño pequeño, ya no necesitará su linterna; necesitará una sola lámpara para mostrarle el camino apropiado a través de la vida, el sol de la justicia que surge con la curación en sus alas y dispersa toda oscuridad.
Este naipe ilustra claramente una victoria espiritual sobre la naturaleza inferior, la Luz Divina que brilla desde arriba dentro del alma regenerada. Es éste un triunfo muy distinto al del conductor del Carro del Arcano VII, que se refiere a una conquista en un plano más material. Ahora vemos la bandera de la Libertad Espiritual desplegada, el alma ya no está limitada por ninguna ambición terrenal. Cabalga por el mundo, y no avanza a pie y rodeada de precaución como el Ermitaño, sino libre de toda vergüenza en su nueva inocencia, sin ocultar nada frente al mundo exterior, solamente consciente de su búsqueda de la verdad.
Eliphas Levi sostiene que la representación de un niño sobre un caballo blanco y desplegando una bandera es mucho mejor que la que a veces la remplaza, o sea la de un hilandero desenrollando el Destino. Algunas veces esta carta presenta a dos niños desnudos, o casi desnudos, frente al agua y corriendo de la mano.