La Luna

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La Luna (Arcano XVIII) es sumamente interesante. Está dividida en tres planos: el inferior astral, el mental y las regiones celestiales; los niveles mentales, emocionales y espirituales. Estos tres planos simbolizan la composición tripartita del alma, y los dos inferiores corresponden a la curva descendente de la Rueda Hindú de Samsara. Filón el Hebreo describió tres estados similares en el universo visible.
En la sección inferior de esta carta, se ve un cangrejo (Cáncer, el signo zodiacal del Cangrejo, está regido por la Luna), arrastrándose desde el agua hacia la tierra. La mente humana es fluida, hasta que asciende desde lo puramente instintivo a un nivel más firme y estable. Esta parte del naipe señala todo lo que está oculto en el subconsciente sombrío, influenciado por la luz de la luna, que es una luz prestada y falsa y lo distorsiona todo. Vemos aquí también una sugerencia con respecto a la evolución de las especies, al desarrollo del hombre desde un ser anfibio hasta el ser humano que camina en posición vertical. “¿No percibe el hombre que lo hemos creado a partir de los gérmenes húmedos de la vida?”, pregunta el Corán; “sin embargo, no hace más que cavilar”. Una inferencia secundaria es que el subconsciente, si no se está en guardia, puede invadir el territorio de la conciencia despierta y perturbar de este modo la mente con temores y horrores pavorosos.
Dos perros ocupan el centro de la sección central de esta carta. Están aullando a la Luna, representada en la parte superior; o más bien “la luna vieja en los brazos de la luna nueva”, ilustrando las distintas fases de la Luna. Los perros son una referencia a Hécate, la diosa de la Luna oscura, en la mitología griega, caracterizada por tres cabezas, una de las cuales es la de un perro. Siempre aparecía acompañada por perros que aullaban. Como su poder se extendía no sólo sobre la Tierra, sino también sobre el mar, el cielo y el infierno, enlaza las tres regiones de la carta. En algunos mazos, uno de los perros es reemplazado por un lobo. A la derecha e izquierda de los animales hay dos torres, que marcan los límites del mundo material, distinguiéndolo de la extensión infinita del mundo celestial. Papus dice que esta carta representa la etapa en la que el espíritu ha llegado a materializarse por completo. “La entrada del Espíritu dentro de la materia es una caída tan grande que todo conspira para aumentarla. Los espíritus serviles (los perros), las almas salvajes (el lobo) y las criaturas rastreras (el cangrejo), están todas presentes, observando la caída del alma, esperando contribuir a su destrucción.”
Entre los dos perros, en el mazo del Instituto de la Percepción, hay un pergamino extendido, que nos recuerda al de La Sacerdotisa, sobre el que está inscrito MA, junto a cierto número de trazos a cada lado. Se ha sostenido que el simbolismo de esta carta o bien la carta misma, es la Atlántida, ya que el continente sumergido era denominado MA o MU, y dos trazos oblicuos en el alfabeto hierático de Ma representan tierra. Desafortunadamente para este punto de vista, los trazos de la carta no parecen ser oblicuos sino verticales. De todos modos, a favor de esta teoría, se podría mencionar que antes del diluvio el continente estaba dividido por las luchas. Pero es más probable que Ma se refiera a Lemuria, la tierra de nuestros antecesores lunares, ya que Maha significa “grande”, y se dice que los lemurianos tenían cuerpos astrales inmensos. Además, Ma es la raíz de Maya (ilusión), que es el peor aspecto., de esta carta. Si se leyera la Tora correctamente, el escrito en el pergamino de La Sacerdotisa, se debería hacerlo a la luz del Sol, no de la Luna.
Goethe sintetizó el significado de esta carta, sin ninguna referencia intencional al Tarot, en su Fausto: Alies vergángliche ist nur ein Gleichnis (Todo lo perecedero no es más que figura).
En contra de la hipótesis de que el simbolismo, de esta carta se remonta a los tiempos de la Atlántida, lo que parece muy poco probable, se puede mencionar que Herodoto afirma —aunque ignoramos sus fuentes— que los atlántidas no soñaban. Sin embargo, esta carta se refiere primordialmente al mundo de los sueños, que es el que corresponde a la actividad del subconsciente.
Un punto interesante, digno de ser señalado, en relación con la carta, es que se advierten en ella, en algunos mazos de Tarot, minúsculas llamaradas ascendentes. Se trata de espíritus de los difuntos, suspendidos entre la Tierra y la Luna, a la cual se creía que pasaban antes de regresar a la Tierra para la reencarnación, o bien antes de trasladarse al Sol. Se afirma que una de las causas principales de la sublevación de los Boxers fue que los chinos creían, supersticiosamente, que las agujas de las iglesias construidas por los misioneros cristianos interferían con el libre movimiento de los espíritus en los estratos superiores del aire.
Pero existe una interpretación más elevada en cuanto al simbolismo de esta carta. Ma es también la raíz, de la palabra María, y la asociación de la Virgen María con la Luna se expresa claramente en los escritos de los religiosos católicos.
En el sentido más elevado la Luna es el principio femenino preservador exaltado en los cielos; la Madre Luna que contempla el nacimiento de Cristo, del espíritu que penetra el mundo material e impide que se extinga su luz.