El niño Tauro

Es posible que empieces a tomar conciencie de que tu bebé recién nacido es Tauro cuando intentes vestirlo para salir con él del hospital. “Mete los bracitos en el suéter que te ha hecho la abuelita –murmurarás con ternura maternal–. ¿Por qué cierras así los puñitos y pones los brazos tan rígidos? A ver, que niño tan bueno. Vamos, a ver”.
“Déjame a mí –dice tu marido–. Bueno, vamos ahora, hijo. A ver, esos brazos en las mangas. Es fácil. ¡Eh! ¿Me has oído? Vamos, mueve los brazos. ¡Muévelos!”
Interviene la enfermera.
No se enfaden –dice–, que siempre es difícil vestirlos cuando son pequeños. Oh, que bebé tan bueno. Bien despierto, pero sin llorar ni nada”.
“Sí, es tranquilo –asiente el papá–. Pero sigue con los brazos cruzados sobre el pecho y no se los puedo separar. Es tan fuerte que me cuesta movérselos”.
“Creo que no quiere que le pongamos el suéter, señalas tú, con un vacilante germen de intuición maternal.
La enfermera se aproxima al Torito con eficiencia profesional.
“Déjeme a mi. Vamos, muñequito, así… en la manga. El puño primero, así es como se hace”.
Y obliga al bracito a pasar por la bocamanga. De pronto, la carita del Toro se pone de un intenso color rojo–purpúreo–azulado, y se oye un lamento que hace que todas las enfermeras del piso acudan corriendo a la habitación. (Aunque mas que un lamento es un rugido. Un interno que estaba en el pasillo pensó que en el sótano había estallado la caldera.) Tu bebé Tauro anuncia así que no le gusta que le fuercen. Es una advertencia, y se repetirá.
Es el mismo ruido que oirán los vecinos cada vez que trates de obligar a tu hijo nacido en mayo a que haga algo que él no quiere. Habrá montones de problemitas, como tratar de llenar de copos de avena una boca que parece cerrada con cola, meter una férrea piernecita en un par de bragas de goma o intentar sumergir en la bañera un cuerpecito rosado y regordete que de pronto parece haberse vuelto de cemento. Perderás muchos kilos y llegarás a tener un gran dominio muscular. Las madres de niños Tauro tienen siempre músculos como Popeye, aunque su aspecto suela ser tan frágil como el de Olivia.
Aparte ser lisa y llanamente cabezas duras, los bebés Tauro son una delicia para criarlos. Los padres de niñas y varones nacidos bajo este signo comprobarán que sus hijos son mimosos y tiernos. Con su rizo en la frente, el Torito se te subirá de un salto a las rodillas para que le beses, y te dejará sin aliento con sus abrazos de oso. A tus amigos, si confía en ellos, los tratará con el mismo afecto. La pequeña Tauro hará gestos de coquetería desde su sillita alta para que le sirvan una ración más de postre. Probablemente, será la nenita de papá, a quien se le hará difícil resistirse al límpido encanto de su hija… tan difícil como se le hace a mamá acorazarse contra la tranquila dulzura de su hijito Tauro. Los niños de uno u otro sexo serán sanos y fuertes, con inclinación por el atletismo. Los varones serán bien varones, a veces la piel de Judas, alegres, fuertes y decididos. Las niñitas muy femeninas, de las que cuidan como una madre de sus muñecas, mantienen todo limpio y juegan a ser el ama de casa. A algunas les gustan los juegos de varones, y con ellos las encontrarás, trepándose a los árboles o jugando a las canicas; pero esencialmente, cuentan con todos los encantos de la feminidad para recurrir a ellos cuando quieran. Y son muchas las veces que quieren.
Ya de pequeñitos, los niños Tauro parecen, en general, más competentes que otros chicos. Para empezar, son emocionalmente estables y rara vez sufren accesos de depresión, momentos de impulsividad o tendencias exhibicionistas. Pueden ser rechazantes y obstinados, a veces mostrarse tímidos, pero en ellos no son comunes las alteraciones y dolores normales del crecimiento. La disposición de Tauro es normalmente serena y placentera. No se inquietan ni molestan fácilmente. Salvo cuando se rebelan porque se les exige demasiado, son personas tranquilas, alegres y nada imprevisibles. En ellos hay una madurez de la que carecen los niños nacidos bajo otros signos solares (excepción hecha de Capricornio y de Escorpio). Incluso los Toritos muy pequeños suelen portarse muy bien cuando hay extraños, pero si les obligas a convertirse en centro de la atención se quedarán como si el gato les hubiera comido la lengua. Déjalos que jueguen en paz en un rincón, y lo mas probable es que las visitas se queden impresionadas por lo bien educados que están.

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